Sucumbieron; los fuegos
fatuos
destellos del recuerdo
Las turgencias
Las tormentas inhiestas
Sucedieron eventos imposibles
variedad en los finales
Y en sus recuadros
azaleas venenosas
mirtos negros, muertos
y olor a rosas blancas,
tras los celos
Confluyeron desde
suaves alboradas tras los
bálsamos
hasta suspiros y llantos
sin motivo
Padecimos tristezas infinitas
desvelos insistentes
centelleos extasiantes
Concluimos que valió la
pena lo vivido
que fue fugaz el arduo
recorrido
Ahora solo queda
una sutil niebla
languideciendo
sobre el campo de batalla
La paz en el silencio de un
pendón caído
y en el ambiente una nueva
forma
de medir el tiempo
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